Glenda Corcino-Midence

Vivimos motivados por el miedo a…
Al que dirán, a lo que no dirán, a nuevas experiencias, a enfrentar situaciones o personas, a los cambios; en fin, el miedo nos provoca constantemente. Entonces veámoslo desde otro ángulo. Si el miedo nos sirve de estímulo, enfrentemoslo con otra actitud. Dándole la cara! Entonces cuando lo veamos cara a cara cuando ya sólo queda el enfrentamiento, el miedo no le queda de otra que desaparecer. El asunto no es que no tengamos miedo sino que lo enfrentemos hasta hacerlo desaparecer para que dé paso al coraje de continuar el camino.

Cuando era una adolescente tuve una pesadilla recurrente terrible. Ir a dormir, podía significar una tortura. Era tanto el miedo porque las imágenes tomaban practicamente vida en mis sueños. Eran los días mas confusos de mi vida (hasta entonces). La adolescencia me jugaba una mala pasada en cuestiones de autoestima. Me enfocaba mucho en mi apariencia física y me comparaba con las demás chicas. Yo era más atlética – claro era nadadora en equipo local; ellas eran más femeninas. Eso pensaba yo. De repente, esa tormenta fue sustituida por las pesadillas que tenía. NO recuerdo cómo comenzó todo; lo que sí recuerdo es que en muchas ocasiones me levantaba asustada y espantada. Levantaba mis brazos en gesto de auxilio,pateaba como loca enfurecida, mis ojos abiertos  con la mirada fija en la oscuridad.

Soñaba que corría desesperada tratando de llegar a algún lugar. Puedo especular que iba a un hospital. De alguna manera no podía llegar como si estuviera perdida o no supiera hacia dónde iba. En en el transcurso del camino, gritaba pidiendo que alguien me ayudara a llegar. El sueño se desplazaba como escena de cine hacia una habitación sencilla y sobria. En una cama solitaria yacía un señor envuelto en sábanas blancas ya moribundo. Al entrar, me detenía de repente con un dolor en el pecho que a penas me dejaba respirar. La gran sorpresa era que ahí solo y sin vida estaba tendido en esa cama: Mi papá.

Este sueño, más bien pesadilla, se repitió por años. Fueron muchos años hasta que poco a poco la vida me ocupo en otros menesteres. Para 2006, un hermoso dia de Diciembre di a luz a mi hijo -un hermoso bebé saludable y fuerte. Creo sin temor a exagerar que hasta sonrió el mismo dia que nacio. Era un bebé grande por lo que me practicaron una cesárea antes de su fecha de nacimiento natural. Gracias a Dios, se procedió a tiempo porque ya estaba envuelto en su propio cordón por varias vueltas. Ese fue un dia de mucha felicidad. Ese día fue memorable!

Estaba muy adolorida del procedimiento entre otras condiciones de salud; mis doctoras me mandaron descanso por 48  horas. Así que estaba con el bebo unas horas y otras dormía. Esa misma noche mi padre sufre un infarto; es llevado a emergencia y mientra esta en cuidados intensivos tiene un segundo episodio.Fallece en la madrugada en una habitación sencilla y sobria en una cama de sábanas blancas.

Ese dia aprendi que mi gran pesadilla me enfrentaba con el miedo a la muerte de mi padre – amado con locura inexplicable. Enfrentarme a su muerte me ayudó a  desenmascarar el miedo a la muerte. Fui directamente a la funeraria; tal cual estaba. Me despedí de él con una palabras que había repetido por años en mi  corazón a consecuencia de esa pesadilla: DESCANSA: HAS HECHO BIEN TU TRABAJO. Ya no había más miedo; no más! La muerte es un proceso natural; duele la despedida. Pero el amor prevalece.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Suscríbase a nuestro Newsletter

Y recibirá

¡Una valiosa herramienta!

Mi newsletter viene siempre con información importante, tips y herramientas prácticas que podrá implementar en su día a día; por el placer de tenerle cerca le obsequiaré una copia digital de mi libro “Mi saco de limones: y el jugo que hice con ellos”, sé que le encantará.

Agende una cita

Book a free session