Glenda Corcino-Midence

Voy de camino en un autobús repleto de mujeres a un evento fuera de la ciudad. Se respira entusiasmo; hay muchas conversaciones paralelas. Aunque me provoca desconcierto, me decido a mantenerme enfocada en el propósito del viaje. Espero encontrarme en esta actividad con mujeres en busca de desarrollar competencias a favor de empoderarse. 

Estoy en esta etapa de la vida en la que me siento comprometida con aportar a la vida de otras mujeres con mi testimonio de vida, conocimientos y experiencias. Reconozco que puedo dar de tanto que he recibido. Si  algo he aprendido en los últimos tiempos es a vivir, a aprender y formarme continuamente porque para dar es necesario estar plena y bien preparada. Las veces que he fracasado han sido grandes experiencias maestras. 

En ese viaje, lo menos que tenía pensado, sucedió. Tuve unas compañeras de viaje muy amenas y conversadoras. Tuvimos la oportunidad de compartir ida y vuelta mucho más que  el tema de este evento. A nuestro regreso a la ciudad corazón – Santiago, se sucedieron unas conexiones maravillosas. 

Allí,  “Cristal” -una chica vivaz y alegre comparte su situación acerca de estar inmersa en una relación confusa y desigual. Estuvimos conversando al respecto por unos minutos cuando espontáneamente dije al grupo: alguna vez voy a escribir la historia de mis tres maridos.

Fue simpática la manera como los temas se fueron desarrollando. Es como si hubiéramos sido amigas de toda una vida. Una a una fue exponiendo sus casos personales. La sinergia fue tal que por la próxima hora de viaje se desarrolló una hermosa energía de confraternidad. Habíamos fundado una sociedad temporal de mujeres conectadas por el tema de las relaciones de pareja: sus altas y bajas, sugerencias y soluciones. Nuestro autobús fue durante ese tiempo una burbuja terapéutica para todas nosotras. Chistes iban y venían; historias y anécdotas se compartían con confianza y apertura. Las más experimentadas expusieron situaciones de su pasado aportando luz a confusiones de las generaciones más jóvenes. Puedo decir que fue un tiempo con algo de magia.

A partir de esta maravillosa velada en la carretera, nace este relato acerca de “Mis tres maridos”. Es una historia verídica acerca de mi historia personal. Sin pena quiero compartirles la inocente, confusa, alegre y enriquecedora historia de mis tres maridos. 

Yo soy Glenda- una mujer atrevida y corajuda muy agradecida con la vida que me ha tocado vivir. A pesar de los diferentes tropiezos y las experiencias de la más variada naturaleza he optado por elegir vivir desde el entusiasmo, con alegría, con deseos de darme a favor de los demás. De camino a esta ilusión de servicio, se me ha regalado el don de ser creativa e innovadora, trabajadora incansable, pragmática y de pensamientos orientados a los negocios. 

No siempre fue así el cuento. Crecí siendo muy introspectiva – me la pasaba pensando y analizando todo. Durante mi adolescencia, viví el tormento de sentir complejo por mi altura y cuerpo fornido. A veces pensaba que por ser ciega de un ojo era menospreciada por algunos compañeros de clases. Estas creencias pasaron a ser grandes aprendizajes para mi vida al llegar a mis treintas. Hoy por hoy, esta historia que comparto con ustedes ha pasado a ser una historia de tantas.

Al final de mis veintes, tuve una relación que dio como resultado una hija. En ese momento de mi vida, podría haber jurado que me había encontrado con el amor. Era un hombre encantador y bien parecido. Había una energía sexual mágica entre nosotros. De esa ilusión, nace una chica hermosa, de corazón generoso y alma pura como no pude haber imaginado tener como hija. 

En esta etapa, fui madre soltera porque el primer marido de la historia decidió ir a  por otro camino. Quedé sola y destrozada emocionalmente. Conocí el dolor de ser rechazada, literalmente. Si les cuento, el sentimiento era de tal magnitud que me sentía la mujer más fea del mundo. En este periodo, aprendí a orar para que mi hija fuera aislada de esos sentimientos.Oraba con insistencia para que ella fuera una mujer amada con un corazón bondadoso. Oraba para tener las fuerzas necesarias para dejar ir desde la salud mental. Así que este galante caballero que luego me desecha como un pantalón usado se lleva el galardón de “mi primer marido”. 

Fue una etapa de mucho crecimiento personal. De ser una soñadora inocente y casi ignorante en temas de amor, fui una solitaria obsesionada con el trabajo con miedo a volver a enamorarse.

Dedicaba tanto tiempo trabajar como era posible. Era ridículo cuántas horas al día trabajaba. Hoy comprendo la gran ventaja que ha significado para mí este periodo de mi vida. Transcurrieron los años en esta aborigen de ocupaciones; desarrollé una empresa exitosa a prueba de crisis y tormentas. A esta primera relación, agradezco ser hoy una mujer exitosa, haber sido madre por primera vez y ser premiada con una hija maravillosa. 

En mis treintas, pude recuperar mi autoestima. Desarrollo un sistema para alcanzar la vida como quiero vivirla no como se supone que deba hacerlo. Es el periodo donde se cruzan en mi camino los Ejercicios Espirituales de San Ignacio de Loyola; aprendo que puedo comunicarme con Dios mediante aquellos momentos de introspección y soledad que había practicado durante toda mi vida. Crezco mucho espiritualmente y emocionalmente. Sano muchas heridas dormidas. Es una época de mucho crecimiento. 

En esos años , conocí gente maravillosa; hice amigos para toda la vida. Y para coronar esta nueva vida de felicidad conocí a mi “segundo marido”. Esta historia es hermosa como ninguna otra que haya vivido.
Recuerdo que un dia compartiendo con un grupo de mujeres solteras comentamos acerca de lo difícil que era encontrar un hombre en los treintas. Porque según el comentario de esa noche, estaban todos ocupados o divorciados, o eran homosexuales. Me reí mucho esa noche. Yo respetaba sus opiniones aunque no estaba de acuerdo. En mi caso, era diferente. Yo creo que hay hombres solteros buscando pareja por los caminos de la vida. Pero yo no confiaba en ninguno de todas maneras. Hice un comentario detallado acerca de cómo debería ser el hombre con el que yo me casaría. Esas condiciones no eran negociables. Era “si y sólo si” para yo decir que me casaría con alguien algun dia.

Todas a una sola voz rompieron en una carcajada. Se rieron a todo pulmón hasta que una de ellas dijo: “sabes que no te vas a casar porque ese hombre que describes no existe”.  Resulta que en menos de un año me había casado. Ese hombre que iba a encontrarme sin yo salir a cazarlo como una presa. Ese hombre de corazón sano y bondadoso quien me amaría con toda su alma; respetaría a mi hija como suya; me cuidaría; trabajaría juntos por un sueño común; sería hombre como pareja y hombre como apoyo… ese hombre fue mi “segundo marido”.

Recuerdo cada detalle de nuestro tiempo juntos. Amo por la eternidad a este hombre de corazón puro que vino a mi vida para enseñarme como se puede amar y ser amada sin miedo. Aprendí a vivir auténticamente sin ataduras sociales o culturales; me sembró el valor del respeto y la tolerancia en pareja. Fueron tantas las enseñanzas que podría escribir todo un libro acerca de nuestro tiempo juntos.

En 2012, a los 36 años de edad, muere a causa de un aneurisma. Me despedí de mi esposo con el corazón destrozado. Estuve muerta en vida por un periodo muy breve porque decidí honrar la vida una nueva vez para disfrutarla junto a mis hijos. Decidí vivir honrando el amor compartido, los momentos vividos. Decidí continuar convencida de que el amor prevalece.

Que les digo? Así es la vida! De regreso a mi vida de trabajo arduo, un día después de meses de oración sin cesar, tomo la decisión de trabajar menos para estar más tiempo con mis hijos. El tiempo es definitivamente el más valioso tesoro. A partir de entonces, mi vida ha tomado otro rumbo. Pedí por orden y paz; perdí dinero, amigos y familiares. Aún así, elegí por vivir desde el amor, el orden y la paz. Para entonces, mi vida la basaba en mantener la mirada en alto fija en el Amor. Mi sueño: “vivir desprendida de apegos desordenados”. Quiero mantenerme objetiva con la mirada fija en los verdaderos valores que me sustentan. 

Un dia manejando por la carretera rumbo a la ciudad voy rumiando una oración . En ese momento, siento la necesidad de hablar en voz alta como si tuviese a Dios justo al lado en el asiento del pasajero.Recuerdo haber dicho algo como:

Dios – padre amado, ya no quiero  vivir para trabajar. Quiero rodearme de aquellas personas que vayan de acuerdo al plan que tienes para mi vida. Aclara, Señor, mis caminos. Pon en mi vida gente de luz; saca de mi vida todas las personas o situaciones que no vayan de acuerdo a tu plan para mi vida. Poco a poco, a partir de esa tarde, muchos se han alejado. Sea por la razón que sea. Han permanecido quienes van caminando junto a la luz. 

Para mi sorpresa, el dia menos pensado, llega a mi vida – “mi tercer marido”.

Se encontraron dos almas que llevan consigo mucho equipaje. Nuestras almas se buscaban casi con desesperación hasta que se encontraron. Hoy por hoy, estoy casada con mi otra mitad. El hombre que respeta mi historia; el hombre a quien respeto y admiro por su corazón bondadoso; el hombre con quien decido hacer historia en lo adelante. La vida me ha regalado la oportunidad de volver a sonreír una y otra vez. He vivido mucho. He recibido mucho. He decido abrazarme de la alegría. Hoy comparto con mi marido una vida con las miradas al frente, de la mano por el mundo, felices de habernos encontrado para elegir vivir juntos lo que nos falte por vivir. 

Mis tres maridos: la historia de uno que me dejó porque no me quiso; uno que la muerte me arrebató y uno junto a quien he elegido vivir desde la alegría hoy y por lo que nos falte por vivir.

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2 comentarios

  1. La manera de escribir es muy amena y facil de seguir y de entrar a la historia, tu historia real.Gracias por compartirla para que nos sirva de ejemplo para seguir empoderandonos y vivir mas plenamente.

    Un abrazo
    Felícita

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