Glenda Corcino-Midence

Somos lo que somos en contraposición de lo que queremos ser. Esta frase me ronda hace unos años. Nuestra identidad es moldeada para ajustarse a patrones preestablecidos social y culturalmente.Vamos caminando por la vida entrenados cual mascotas. 

En los últimos meses, se me ha hecho más evidente este tema de las programaciones. Por doquier se comparte contenido acerca de las influencias recibidas de nuestros padres o tutores, de nuestros maestros o figuras de autoridad en nuestra infancia y adolescencia. Estas dosis constantes y persistentes que nos sugieren comportamientos o creencias como guía para la vida. 

Entiendo que muchas de estas programaciones son enseñadas de generación en generación como patrones; influenciados por las corrientes y tendencias de cada momento histórico.  Comprendo, a la vez, la necesidad de que así sea. Somos seres sociales; nacimos para estar conectados. Por lo tanto, es parte de vivir acompañados por otros que sigamos ciertas reglas o normas de comportamiento para convivir en armonía. 

Sin embargo, al mismo tiempo somos individuos con ideas, anhelos y sueños propios. En algún punto del trayecto optamos por dejar de ser quienes somos para ser quienes se supone que debemos ser. He aquí la profundidad del asunto. Personalmente, creo que podemos ser quienes somos auténticamente; a la par con estar en armonía con los demás al respetar normas que nos permitan vivir desde el espacio personal conectado con el entorno social. 

Aun así, creo en no quedarme con el deseo de averiguar más al respecto porque en este punto de mi vida no me creo ni me dejo de creer nada solo porque me lo diga alguien más. Se me hace necesario ir más allá de los comentarios o discursos de moda para aceptar como verdad en mi vida cualquier afirmación que leo o escucho por ahí. 

Somos quienes somos; creemos lo que creemos como un conjunto de realidades e ideas que se perciben como tales de acuerdo a nuestro punto de vista personal. Esta mirada de la vida que es única y colectiva a la vez. Esta forma de pensar y de sentir que está conectada con mi esencia  y con mi entorno.

Somos quienes somos en contraposición de quienes se supone que debemos ser.

Así continúa el debate filosófico indefinidamente.

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